Cuatro ciclistas terminaron en el piso delante de ellos. Benjamín Quiroga alcanzó a tocar una bicicleta con la rueda delantera, levantó la suya como si hiciera un “willy” y, casi milagrosamente, consiguió mantenerse en pie. Cuando giró la cabeza para comprobar qué había pasado detrás suyo, encontró una escena bastante diferente. “Miro atrás y veo a mi compañero haciendo como un 360”, contó entre risas. Su compañero era Leandro Zotes. A los 12 años, los dos acababan de atravesar uno de esos Trasmontañas que probablemente recordarán durante mucho tiempo. Hubo barro, lluvia, neblina, frío, bicicletas por el suelo y sectores en los que directamente tuvieron que bajarse y continuar a pie.

Y aun así terminaron sonriendo. “Después del río estuvimos haciendo trekking”, bromearon. La relación de ambos con el mountain bike, sin embargo, nació de maneras diferentes. Benjamín prácticamente creció arriba de una bicicleta. Compite desde los tres o cuatro años y fue su familia la que le transmitió la pasión.

Primero observó a su papá. Después apareció su hermano y también quiso seguirlo. “Mi hermano corría y yo decía: ‘No, yo quiero correr. Quiero ser mejor que él’”, recordó. Cuando su hermano completó su primer Trasmontañita, comenzó una campaña de insistencia puertas adentro. “Lo jodía a mi papá: ‘Papá, quiero correr, quiero correr, quiero correr’, hasta que un día se me dio”, contó.

Leandro tomó un camino mucho más corto hasta las montañas tucumanas. Empezó en el mountain bike hace apenas seis o siete meses, impulsado también por su papá, vinculado desde hace años al ciclismo.

Por eso, completar su primer Trasmontaña tuvo un significado especial. Al comienzo hubo nervios. También miedo. Después llegó la largada y no quedó demasiado tiempo para pensar. “Pudimos ir fuertes y parejos. No nos fundimos”, destacó.

Las condiciones hicieron el resto. El circuito les exigió mucho más que piernas. “Había barro, caídas, neblina, lluvia y frío. No es solamente un trabajo físico, también es mental. Hay que aguantar el dolor y seguir adelante”, explicó Benjamín.

Tienen apenas 12 años, pero cuando hablan sobre el futuro ninguno piensa demasiado pequeño.

¿Qué sueñan? “Si pudiera llegar a ser el mejor, mi sueño más grande sería correr el Tour de Francia y la Copa del Mundo”, respondió Benjamín. Leandro prácticamente calcó la ambición de su compañero. También quiere una Copa del Mundo. También quiere algún día estar en el Tour.

Por ahora, el camino es bastante más corto. Empieza entre el barro, las caídas y las montañas de Tucumán.